Las Cartas de Román

Sin más en el lugubre jardín se le veía reír y en el Edén llorar.
Esa hermosa ninfa que solamente en sueños veía, esa hermosa mujer a la que extrañaba y era un secreto a voces.
Podía estar con cualquier joven imaginandose que era ella.
Y en las noches interminables le escribía cartas, que le hacía llegar de formas poco discretas.
Y aunque cerraba los ojos simulaba que dormía por que desde que Julia se fué lo único que soñaba era su encantadora sonrrisa, su piel fría, sus cabellos suaves y su cuerpo desnudo.
Las tardes veraniegas le pasaban como las horas a los amaneceres.
Ángel -Román- ( Exclamaba ruidosamente).
Román -Dile que retorné, pídele que no me deje solo-
Ángel -Mi querido Román no estás solo, en ti vivirá por siempre solo debes recordarla-
Román -La llevaré presente y en su recuerdo una triste y mala imitación-

De Julia a Román
Y era de noche, aunque el sol aún no se había ocultado, Julia lavaba su cabello en el río mientras Domingo se concentraba en admirarla a la vez que mordía un trozo de pasto.
Domingo -Julia te amo-
Julia -Domingo te amo mil veces más de lo que tú me amas-
Domingo se levantó con satisfacción y se dirigió a la casa.
Entonces se acercó muy servicial Ana Cruz.
Ana Cruz -Julia, Román te manda esta carta- (dijo en voz baja)
Julia -Ana deja de recibir esas cartas, no ves que ha Román le hace daño seguir pensando en mí, yo lo queria Ana, es cierto, más ahora amo a Domingo, mi Domingo es todo para mí-
Ana Cruz -Te dejo la carta en tus manos Julia con la promesa de nunca recibír nada más de Román-

20 de julio de 1988
Julia:

Toma como prueba de mi amor que te añoro como un cristiano adora a Dios, no he podido dejar de pensar en tí desde el día que te abandoné en la plazuela, te envío esta carta por qué supe que estás apunto de casarte con Domingo, sé que fué mi error y que por el mismo te perdí, pero tarde me di cuenta que Felicia no puede igualarse a ti, te lo digo que por un momento pensé que si le compraba el mismo perfume que a tí, al olerla y cerrar los ojos pensaría que eras tú, te juro que al darle el mismo vestido pensaría que de espaldas podria despistar la mirilla de mi ojo, pero mi amada Julia, mis intentos fallidos han hecho que vea lo inigualable que eres, perdóname regresa a mí lado, Felicia no es impedimento alguno, le voy a dejar la Finca y los Viñedos, tú y yo podemos irnos a nuestra rústica cabaña, Julia por favor.

Tu amado Román

Y Julia rompió la carta y en su mente pensó “Román, tan mentiroso como siempre, eres un truan no me cabe la menor duda, y se quedó aún más inquieta, ¿No lo sabrá aún?, Que amo a Domingo y que lo que sienti por él, jamás se podría igualar a lo que siento por mi amado Domingo”.

Noviembre

De hecho justamente hoy no es mi inspiración Marwan o Lovecraft, ni siquiera los viejos y empolvados libros de la repisa, ni los discos que guardo debajo del tocador, no son los días nublados y lluviosos en la casita azul de rejas blancas y tampoco lo son las poesías antañas que añoraba tanto.
¿Que me inspira?
No es Debussy y claro de luna que suenan en mi mente.
Y descubres algo que explota en el rincón frio y lugubre de un pasillo de tu infinita mente.
Con ese pensamiento le di a mi alma un respiro, un alivio para poder emerger desde el fondo del abismo negro y tortuoso hasta la superficie, soy yo, y mis ideas que me invaden como si fuera una piscina vacía y ahora llena de agua.
Y aunque mis pasiones y pasajes suelen ser tan prematuras como este invierno, las vivo tan intenso porque no es abrazador como los soles del verano, ni tan cansado, agotador y nostálgico como las lluvias de septiembre.

El amante de las metáforas

Que más da si es lunes y el buque va viento en popa a la única playa del mundo en dónde no sale más el sol.

Mientras navego por los mares cercanos a la isla, miles de trozos de recuerdos agitan el buque peor que las tormentas de julio.

La sal que se me queda en la boca, me hace pensar en cuando lamia tu cara de menton a frente y la brisa bien dulce en cuando mordía tus labios carnosos y bien rojos por tu labial.

Que me dices de la lava del volcan de la isla, es la unica luz que ilumina el lugar; ¿Sabes a que me recuerda?, a tu cabello bien rojizo como las manzanas y las cerezas.

No me mojo ni los pies en esa isla envenenada, que aunque tiene pastos verdes y tierra fértil como tu vientre prefiero pasar de largo y morirme de sed y hambre.

Como somos tu y yo

Asi es:
El la hacía sentir verdaderamente especial, como a una princesa de cuento.

Y ella lo hacia sentir verdaderamente amando, comprendido y escuchando.

Aunque ella estaba loca, el podía ver a través de esa locura, podía ver su alma y saber la verdad con tocarla.

En cambio el era solitario y tímido, y ella podía sacar su lado extrovertido.

Todo lo que fuera motivo de pelea, lo solucionaban hablando, porque descubrieron juntos que no habia orgullo que pusiera vallas a su amor

Y entonces veía como toda la ciudad se destruía, y tomando tus manos noté que nada de ello me importaba, inclusive podía disfrutar de tan caótico escenario, salimos por las noches a recorrer los escombros, por las carreteras que aún se encuentran intactas, velocidad, kilómetros y distancia.
Y por las mañanas al llegar el amanecer por el horizonte, una buena taza de café justo como a ti te gusta nada de azúcar y 5 cucharadas de nostalgia, volvemos a empezar de nuevo, pero aún así nos queremos, por el día somos personas normales con aflicciones, y sin embargo cuando llega la noche somos incluso inmortales, ¿Qué más necesitamos?.
Te quiero así y tú me quieres así.
Estoy realmente enamorada de ti.

Mireya Sampedro Durán